Apaga el cerebro, enciende el corazón

[…] Para entender completamente la poesía primero tenemos que familiarizarnos con su métrica, su rima y modos de hablar. Luego hacernos dos preguntas. Una, ¿Cómo se ha dibujado el objetivo del poema? Y dos ¿Qué importancia tiene el objetivo? La primera pregunta evalúa la perfección del poema. La segunda evalúa su importancia. Una vez que estas dos preguntas han sido respondidas determinar la grandeza del poema se convierte en un asunto relativamente simple.

Si se traza la puntuación de perfección del poema en la horizontal de un gráfico y su importancia se traza en la vertical, entonces calculando el área total del poema se obtiene la medida de su grandeza […]

-¡Basura! Eso es lo que pienso del Sr. Evans Pritchard. No estamos instalando tuberías. Estamos hablando sobre poesía.

¿Os suena este fragmento? Pertenece a la película “El club de los poetas muertos” cuando el profesor John Keating (Robin Williams) introduce por primera vez la poesía a sus alumnos.

Todos podéis pensar que es el típico profesor que llega con una metodología alternativa a un colegio echado a la antigua y a lo tradicional. Puede ser. Además es una película (auténticamente genial y de mis favoritas).

Ahora vamos a volver al mundo real. Recordad vuestras clases de Lengua Castellana y Literatura. ¿Qué aprendisteis? ¿A instalar tuberías o poesía?

Si echamos un vistazo al Currículo Oficial de Educación Primaria, en el área de Lengua Castellana y Literatura nos encontramos con los siguientes contenidos:

Bloque I: Comunicación oral: Hablar y Escuchar

Creación de textos literarios en prosa o verso, valorando el sentido estético y la creatividad: cuentos, poemas, adivinanzas, canciones…

Bloque III: Comunicación Escrita

Producción de textos para comunicar conocimientos, experiencias y necesidades: narraciones, descripciones, textos expositivos, argumentativos y persuasivos, poemas, diálogos, entrevistas y encuestas.

Bloque V: Educación literaria

Comprensión, memorización y recitado de poemas con el ritmo, entonación y dicción adecuados.

Pues bien, sólo estoy de acuerdo con el último contenido de memorización de poesías:

Con cien cañones por banda,

Viento en popa a toda vela…

¿Sólo me suena a mí? O qué me decís de Federico García Lorca y sus dos lagartos llorando con delantalitos blancos.

Nada de producción de poemas. NADA.

Si intento recordar un poco más de mis clases de literatura en la ESO éstas se basaban en aprender lo que era una metáfora, un hipérbaton, comparación, aliteración, etc. Y el análisis de los versos y rimas de los diferentes poemas.

Rima asonante. Verso de arte mayor, verso de arte menor, alejandrinos, pareados, redondillas, serventesios.

8a, 8b, 8a, 8b…

11A, 11B, 11A, 11B, 11A, 11B, 11C, 11C.

Y un largo etcétera que había que memorizar, sin mencionar ya el análisis de la simbología de poemas de Rubén Darío o Neruda… ¡Qué quebradero de cabeza!

Bien, ¿cuántos de vosotros seríais capaces de escribir ahora mismo un poema? Pocos o ninguno.

Queridos lectores, no estamos tan lejos de la ficción de la película. Nos estamos olvidando del verdadero significado de la poesía. Emocionar, conmover, expresar por escrito lo que no podemos decir.

¿Cómo enseñan poesía en LILA?

Sin embargo en LILA la poesía no se enseña así. Si es cierto que se les explica un poco qué es una poesía y se les da algunos recursos, pero lo importante es ponerse a escribir.

Alguno de los ejercicios que hacen son:

Hacer un collage con fotos de revistas que les guste.

Escribir frases del estilo “yo soy el pájaro que vuela libre en el cielo” o “yo soy el pincel que está listo para ser usado”. Recortan sus frases después del “que” y las mezclan dando lugar a nuevas frases, sin sentido o con él, pero que hacen pensar y sentir.

Salen fuera del aula, al campo, se tumban en la hierba, en silencio y escriben lo que oyen, lo que ven.20150415_123033

Tienen algunas directrices: ¿Qué oyen muy fuerte? ¿Qué oyen que sea eterno? Y luego comparten, debaten sobre ello sacando temas tan interesantes y profundos como por ejemplo si los deseos son eternos.

También se les preguntan por las emociones, sentimientos, que escriban sobre ellos.

Hay una frase que usa una de las profes que me encanta: “Apaga tu cerebro, enciende tu corazón”. Creamos el ambiente adecuado, apagamos la luz, música relajante y…voilà, un poema.

Que no sabemos si es un terceto, un cuarteto, si rima o no, pero conmueve, emociona… en definitiva, te hace sentir y ¿no es ese el principal objetivo de la poesía?

Un poema de ejemplo:

Sentir sorpresa

es descubrir el caramelo

que estaba escondido dentro

de la barrita de chocolate.

 

Sentir sorpresa

es un día de sol

cuando la lluvia empieza a caer

y el arco-iris aparece.

 Sentir sorpresa

es un dulce con sabor amargo

 Sentir sorpresa

es coger un rotulador de tapa morada

y descubrir que pinta rosa.

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Docente del siglo XXI

Aunque suene a tópico, para ser un buen docente no tienes que ver la docencia como un trabajo sino como tu vida ya que después del colegio seguirás pensando en tus alumnos, los problemas que tienen y qué recursos y materiales puedes usar para solucionarlos.

Ser profesor es una profesión muy especial porque trabajar con niños implica que se establezcan unos vínculos emocionales muy fuertes. Vas a pasar con tus alumnos la mayor parte del día y de tu vida y por lo tanto tienes que saber gestionar tus emociones. Una vez que cruzas la puerta del aula tus problemas quedan fuera.BfAi8bTIcAAD-ob

Además los niños van a observar e imitar todo lo que haces, eres su modelo a seguir. Debes ser muy consciente de los valores y mensajes que transmites con tus acciones.

Nuestra profesión exige estar abierto al cambio, reinventarse continuamente. La sociedad cambia, la forma de enseñar y aprender también. Tenemos que estar comprometidos con la sociedad y eso supone estar en continúa formación. Nunca llegarás a saberlo todo, siempre tendrás algo nuevo que aprender y debes estar dispuesto a ello.

 Un docente del siglo XXI tiene que saber que ya no es el único foco del saber, ahora existen cientos de recursos donde los niños pueden encontrar información.

El profesor tiene que ser un guía que enseñe a los niños a filtrar la información, a ser críticos y no creer todo lo que lean u oigan. Un profesor tiene que ayudarles a pensar por sí mismos.

Tenemos que fomentar en ellos el gusto por aprender ya que, citando a Horace Mann, el maestro que intenta enseñar sin inspirar en el alumno el deseo de aprender está tratando de forjar un hierro frío.

Así mismo, tenemos que ser conscientes de la importancia que tiene nuestra labor en la sociedad. No sólo tenemos que enseñar a los alumnos sino que también tenemos la ardua tarea de educarles, somos los encargados de formar a los ciudadanos del mañana. Ciudadanos que sean capaces de respetarse los unos a los otros, que les apasionen lo que hacen, capaces de expresarse, de tomar decisiones, de aprender a aprender y de esforzarse por lo que quieren.

 Un docente destacado tiene que ser emprendedor, tener iniciativas, probar cosas nuevas. Pensar “qué puedo hacer yo por el colegio” y no “qué puede hacer el colegio por mí”. Tiene que ser creativo y tener imaginación para hacer que sus clases sean interesantes. Ha de ser motivador, apoyar y ayudar a sus alumnos cuando lo hacen bien, pero sobre todo cuando lo hacen mal.

Paciente y comprensivo. Cada niño es un mundo y aprende de una forma diferente. Un alumno puede tardar dos minutos y otro dos días en entender algo.

Tenemos que saber escuchar. Los alumnos también tienen mucho que enseñar. Sentémonos y escuchémosles.

 Un profesor destacado es un referente y una persona que los niños recordarán el resto de su vida.

Exigimos demasiado… ¿poco?

Hace unos días, mientras echaba un vistazo a mi Time Line de Twitter me encontré con la siguiente noticia: “Los universitarios de Castilla y León tendrán que aprobar un mínimo de 12 créditos en el primer curso para no ser expulsados“.

Rápidamente cliqué en el enlace. Un titular así llama poderosamente la atención. La noticia viene a decir lo siguiente:

Los estudiantes de las universidades públicas de Castilla y León (Burgos, León, Salamanca y Valladolid) tendrán que aprobar un mínimo de 12 créditos durante el primer curso en el que se matriculen o de lo contrario serán expulsados, tal y como recogen las Normas Básicas de Permanencia elaboradas por los consejos sociales de las universidades, para reforzar los requisitos y evitar que los estudiantes se estanquen en la carrera.

Así, los estudiantes de las universidades de Castilla y León tendrán que superar durante el primer curso de la carrera doce créditos en el caso de las universidades de León y Valladolid; un 20 por ciento de los matriculados en la de Salamanca, mientras que en la de Burgos será obligatorio que superen un mínimo de 30 créditos durante los dos primeros cursos.

Tras esto me puse a recapacitar y llegué a la conclusión de que tampoco es una locura. En grados como Educación, Filología Inglesa, Óptica y Optometría, Ingeniería Mecánica o ADE la mayor parte de las asignaturas cuatrimestrales equivalen a 6 créditos, es decir, que nos están “obligando” a aprobar dos asignaturas al año si no queremos ser expulsados, dándonos 6 convocatorias para cada asignatura.

Aproximadamente al año se tienen unas 10 asignaturas. Aprobar 2 de 10 no creo que sea un esfuerzo sobre humano.

Está claro que la dificultad de las carreras y de las asignaturas no es la misma, y si cada uno elegimos una carrera es porque nos gusta y porque supuestamente nos hemos informados de las asignaturas previamente.

estres-y-los-estudiosEstoy segura de que muchas personas, estudiantes sobre todo, pondrán el grito en el cielo al enterarse de las nuevas normas.

Sin embargo, yo estoy totalmente de acuerdo. La Universidad en particular y la Educación en general cada vez exige menos en comparación con el pasado mientras el mercado exige más.

Durante cuatro años que he estudiado, en numerosas ocasiones he oído frases del tipo “es que exigen mucho“, “no me da tiempo“, “hay mucho que estudiar“. Luego pregunto por lo que han hecho el día anterior y, la verdad, respecto al tema académico, no mucho.

La universidad de Valladolid tiene grandes campus y bibliotecas que durante el año se encuentran por lo general vacías, sólo comienzan a ser frecuentadas a principios de diciembre para los exámenes del primer cuatrimestre y a mediados de abril para los del segundo.

Está claro que no se puede generalizar, ni las carreras ni a los estudiantes, pero de lo que sí que estoy segura es de que debemos empezar a exigir más a nuestros alumnos, en todos los niveles del Sistema Educativo.

Antes, y era una injusticia, las Universidades eran para los que podían (económicamente hablando). Creo que ahora las Universidades deberían ser para los que quieren.