Creatividad, crea… ¿qué?

Hace unos días tuvimos una clase de Educación Física con un curso de 4º de Primaria. Debido al mal tiempo, nos vimos obligados a dar la clase en el gimnasio y continuar un día más con la unidad didáctica de saltos que llevábamos tiempo desarrollando.

Mi compañero y yo, de acuerdo en que la expresión corporal es un tema bastante olvidado en los colegios e institutos, decidimos mezclar saltos y expresión corporal, así que una vez divididos en 4 grupos (diferentes a los que forman normalmente), les propusimos que hicieran una coreografía con cuerdas, limitando el material (1 cuerda grande y 2 pequeñas).

Sólo dos reglas: Todos debían saltar en algún momento y tenían 20 minutos para prepararlo. Hicimos hincapié en la necesidad de hablar entre ellos y les dimos algún consejo.

Por lo demás, plena libertar. Libres de hacer lo que les diera la gana, siempre y cuando realizaran saltos. Una clase donde el profesor no dirigía, sólo observaba.

Comenzaron. Observábamos sin apenas intervenir. Una clase en la que la libertad, comunicación, creatividad y originalidad dominaban el ambiente.

Al rato una niña se me acercó y me preguntó:

¿Puedo hacer…?

No escuché lo que quería hacer. Me quedé en el “¿Puedo?”

¡Claro que puedes! Haz lo que te dé la gana. Las reglas están puestas. Habla con tus compañeros, imagina. Tienes libertad para hacerlo. ¿¡Por qué me vienes a preguntar!?

Me dí cuenta de que los niños no eran capaces de ser creativos porque tenían miedo de fallar, de errar, por eso buscaban la aprobación del docente.

Están tan acostumbrados a clases dirigidas, a directrices concretas, a ejercicios y profesores que les digan cómo, dónde y cuándo lo tiene que hacer que cuando les das libertad para hacerlo se pierden.

ken robinsonLos niños, por naturaleza y apoyándome en las palabras de la conferencia de Sir Ken Robinson en TED 2006, no tienen miedo a equivocarse. Es así. A edades tempranas todavía están descubriendo el mundo en el que viven. Todo es nuevo para ellos. Simplemente experimentan, sin miedo al error.

Sin embargo estamos administrando sistemas nacionales de educación donde los errores son lo peor que pueden hacer.

Antes este hecho, los alumnos piensan Si me equivoco, me riñen, luego es lógico que éstos decidan ir por el camino que siguen todos, no vaya a ser que por probar otro distinto me equivoque, me griten y me riñan, ¿no?

Si los críos no están abiertos a equivocarse, nunca les va ni se les va a ocurrir algo original.

Las órdenes o consignas son demasiado explícitas:

– Hazlo así, así y así.

+ ¿y puedo hacerlo de esta forma?

– ¿Pero cómo te he dicho? Pues ya está.

Los niños no tienen libertad para experimentar, errar, crear, innovar. Los docentes estamos tan obsesionados con el Currículo Oficial y con realizar los ejercicios tal cuál dice el libro que no nos paramos a ver qué les gusta y qué no. Qué talentos tienen ocultos porque sí, todos los niños tienen talentos ocultos y es nuestro deber descubrirlos.

Dos claros ejemplos son Gabriel García Márquez y Albert Einstein, ambos premios Nobel en sus respectivos campos.

Gabriel García Márquez era considerado un alumno mediocre, tirando hacia abajo, hastaGabriel Garcia Marquez 1 que uno de sus profesores se interesó por sus gustos, preguntándole por los mismos. Le gustaba leer y escribir, así que este profesor lo fomentó y ¡Boom!, uno de los escritores más importantes y representante del realismo mágico con su máxima creación, “Cien años de soledad”.

Otro ejemplo claro fue Albert Einstein.

De pequeño, su madre y sus profesores le consideraban un niño con retraso, con necesidades educativas, lo que hoy día habría sido considerado un fracasado escolar (F. Alberca, 2011*).

Sin embargo el interés de uno de sus profesores, Jost Winteler, permitió hacer de Einstein el científico más importante del siglo XX y de todos los tiempos.

La creatividad es una evidencia innegable (valga la redundancia) al ser humano, así que potenciémosla.

Demos más libertad a los niños, observémosles antes de  intervenir, preguntémosles por qué lo han hecho así, no corrigiéndoles sino mostrando interés por sus razonamientos.

La creatividad en las escuelas es tan importante como la alfabetización y debemos darla el mismo estatus.

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* “Todos los niños pueden ser Einstein” de Fernando Alberca.

*Nota: Estos posts no pretenden desprestigiar al colegio, ni mucho menos. Son ideas y observaciones que se pueden generalizar a todos los centros educativos y que me parece interesante analizar.

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Esta va para nota

He comenzado mi segundo periodo de prácticas (prácticum II) en un colegio concertado de Valladolid, lo que me va a permitir observar cómo funciona el Sistema Educativo Español (en adelante S.E) y cómo se trabaja en un colegio concertado.

Tras un periodo de tres semanas de observación, hubo una situación digna de mención, motivo de escribir la siguiente entrada.

Nos hallábamos en las clase de Educación Física con la clase de 3ºB. Tras varias sesiones dedicadas a la práctica y mejora de saltos, el profesor decidió que era momento de evaluar con nota.

Al principio les mandó realizar la prueba para practicar, sin evaluación ninguna. Muchos de los niños y niñas (es más “políticamente” correcto poner “niños y niñas” aunque a mí me parezca una bobada, pero eso es otro tema) saltaban sin atender a las indicaciones que había dado el profesor en numerosas ocasiones, por falta de atención, obviamente.

En cuanto dijo que en la siguiente ronda iban a ser evaluados, les debió de entrar el espíritu olímpico porque ninguno cometió ningún fallo en la técnica a la hora de saltar.

Me llamó mucho la atención los niños que sólo saltaban bien, esforzándose cuando iban a ser evaluados y eran conscientes de ello.

¿Os estáis dando cuenta de a qué me estoy refiriendo?

Sólo cuando lo que están haciendo cuenta para nota, lo realizan bien. ¡Qué lástima que no sepan que están siendo evaluados constantemente!

Ya desde pequeños estamos fomentando el esfuerzo y el trabajo con el único motivo de aprobar, sacar buena nota o tener un “muy bien” en el cuaderno de caligrafía.

Y esta cultura se va desarrollando a medida que crecen.

Cuando la profesora (o profesor) en el último ciclo de Primaria o en la E.S.O entrega un examen, la pregunta estrella es: ¿Cuánto has sacado?

Estoy segura de que la pregunta que nunca se han formulado entre ellos, y que nunca han escuchado ha sido: ¿Qué has aprendido?

Los jóvenes están más preocupados de si aprueban o no que de si realmente han aprendido algo, y en parte, es culpa de la metodología empleada por todos los docentes, y también por la forma de estudiar de los alumnos.

No estudian para aprender, los estudiantes lo estudian y memorizan. Vomitan aquello de lo que se acuerdan en el examen y ya. Dentro de dos o tres semana no se acuerdan de nada, y esto es porque  no ha habido un aprendizaje significativo, es decir, que no ha habido una relación entre los conceptos previos que deberían tener y haber adquirido en exámenescursos anteriores y los nuevos conceptos.

Y ante este grandísimo problema, uno de tantos, al que se tiene que enfrentar el S.E, la solución que propone la LOMCE es… ¡Reválidas!

Un examen donde se evalúan todos los conocimientos que en principio se deben haber adquirido durante una larga etapa. La primera, en 3º de Educación Primaria.

Para empezar y como ya he comentado en algún post anterior, este tipo de exámenes no justifica el aprendizaje de los contenidos, sino que éstos se ven día a día con el seguimiento continuo de la clase.  Además, el aprendizaje es todo muy subjetivo, y más a edades tan tempranas en la que la maduración de los niños es tan dispar.

Para concluir, hacer hincapié en que estamos fomentando una sociedad en la que solo nos esforzamos cuando estamos siendo evaluados, cuando algo va para nota. Es decir, fomentamos la ley del mínimo esfuerzo.

“Sólo me lo estudio antes del examen” y claro, en el examen muy bien, pero luego las cosas se olvidan, porque como ya he dicho no han sido aprendidas correctamente.

Si lo que queréis es una mejora de la calidad educativa, así como mejor puntuación en los informes PISA, la solución, yo creo, no está en evaluar constantemente los conocimientos que deberían haber adquirido mediante exámenes y pruebas, sino en buscar una metodología que les aliente a esforzarse todos los días, a aprender y relacionar conceptos.

Esa es mi solución, ¿cuál es la tuya?

DESCUBRIENDO UN EINSTEIN

En este segundo semestre el Instituto Politécnico de Castelo Branco ofrece a sus alumnos de tercer año la asignatura de Iniciación a las Prácticas Profesionales, tanto en Educación Primaria como Infantil.

Nosotros, como Erasmus, no somos menos, y también tenemos la oportunidad de conocer, observar y participar en el sistema educativo portugués.

He tenido la oportunidad de comparar ambos sistemas educativos (español y portugués) y he de decir que, aunque el S.E español deja mucho que desear, no están malo como el portugués.

Sin embargo, este post no es para llevar a cabo una crítica del S.E portugués, sino para contaros una experiencia propia que me ha marcado y ayudado aun más a fijar mi vocación por la enseñanza y la educación como pilar principal de la sociedad y herramienta para cambiar el mundo.

Esta experiencia se desarrolla en el Jardín de Infancia “Quinta Das Violetas” de Castelo Branco. En la clase que me han asignado para realizar las prácticas de infantil hay un pequeño de cinco años que, desde el primer día, llamó mi atención.

Se trata de un pequeño con la mirada triste y seria que presenta un comportamiento distinto al del resto de los niños de la clase.

A medida que le observaba y preguntaba información a la educadora, mis sospechas se iban confirmando. João (nombre no real del niño), desde mi punto de vista es superdotado. Es un pequeño taciturno que ha aprendido a leer y a escribir solo. A  pesar de que sus padres tienen una formación superior, no intervinieron en la enseñanza de leer y escribir.

Es un niño con conocimientos muy elevados para su edad. Su forma de expresarse es propia de niños de 10 años y su motricidad fina de uno de 12. Realiza dibujos con todo lujo de detalles y muestra una creatividad muy desarrollada.

Presenta ciertas dificultades a la hora de relacionarse con sus compañeros y él mismo se considera un niño triste porque es consciente de que los niños no juegan con él y porque le preocupan ciertas cosas que no son propias de un niño de su edad. Así mismo, tiene pesadillas de forma habitual y acostumbra a dibujar desgracias.

Con todo lo descrito anteriormente, y a pesar de que su madre es psicóloga, al niños no le han hecho ningún test de inteligencia para confirmar si presenta algún tipo de necesidad educativa especial.

Tampoco le han hecho una adaptación curricular ni ha habido iniciativa alguna por parte de los profesores para hablar con los padres. No hay más que decir. Es un caso que me tiene fascinada.

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(Escrito 22/05/13)